viernes, 12 de septiembre de 2014

HISTORIA DE UNA PRINCESA

Una princesa inteligente y hermosa, hija única del Emperador de China, vivía en el palacio real rodeada de una corte espléndida.

Cuando le tocó casarse, de acuerdo con su padre decidió escoger esposo entre todos los jóvenes súbditos del imperio. Quería el hombre más hermoso, más valiente y más extraordinario de todo el imperio.

Se enviaron mensajeros a todos los rincones del país. Los jóvenes que creían reunir las cualidades requeridas deberían presentarse en el palacio, en un día señalado.

En una lejana provincia del imperio, vivía un hombre muy hábil; no era hermoso, sus rasgos duros revelaban claramente que era cruel y malvado, desconfiado y calculador. Era efectivamente un ladrón y asesino; mas quería a toda costa someterse a la selección, y… se le ocurrió una idea feliz para poder participar.

Encargó al mejor fabricante de mascaras de CHINA, una que expresara la máxima belleza. En aquellos tiempos el arte de hacer máscaras, estaba en su apogeo y el ladrón mismo, quedó asombrado del resultado.

En vez del rostro cruel y duro, sus rasgos eran gracias a la máscara los de un hombre a la vez dulce y noble. Expresaban poder y dignidad, fortaleza y honradez, amor y servicio, ternura y alegría, así que no le resultó difícil quedar seleccionado.

Al verlo la princesa quedó impresionada, sin dudarlo lo escogió. Pero delicada como era, no quería obligar a nadie a ser su esposo a la fuerza.

Lo llamó aparte. Nuestro hombre enmascarado se encontró frente a un dilema, ¿Qué hacer??? , decir no a la princesa era denunciarse a sí mismo y ser ejecutado. Si se casaba sucedería lo mismo. Maldijo el día en que se le ocurrió lo de la máscara y se sintió confuso y entristecido. Pero un día le vino a la mente una idea: pedirle el plazo de un año para reflexionar.

A la princesa esto le agradó sobremanera y aceptó. Aquel hombre demostraba prudencia e inteligencia.

¡ Qué situación la de aquel hombre! No podía escapar. Conocido en todas partes como el hombre más hermoso del imperio, le tocó representar su personaje. Debía cuidar cada palabra que pronunciara, mostrarse lleno de elegancia y delicadeza, ser valiente. Aprendió la bondad y generosidad que todos leían en su rostro. Comenzó a ser compasivo y piadoso, ayudaba, consolaba a los tristes, pero veía bien clara la diferencia entre su máscara y su corazón… ¡Imposible olvidar quien era!

¡Cuánta lucha, cuánta tensión. Cuánta energía tenía que desplegar para desempeñar su papel de impostor! Su corazón se consumía.

Cuando la gente agradecía su proceder o le hacían alabanzas, se sentía muy incómodo. Se horrorizaba de lo fácil que resulta engañar a la gente, aparentar sin ser.

El peor momento fue el de volver a ver a la princesa, su prometida. Decidió decirle toda la verdad y asumir las consecuencias, las que fuesen.

Se echó por Tierra, la saludó y lloró contándole su engaño: Soy un bandido y me hice esta máscara, tan sólo por contemplar el interior de este palacio y para ver a la princesa famosa entre todas las mujeres del imperio. ¡Cuánto siento haber retrasado sus planes de matrimonio todo un año!

La princesa se enfadó mucho pero… se sintió picada por la curiosidad, ¿Qué tipo de hombre se oculta bajo tal máscara?...

Y le dijo entonces: -Me engañaste, pero te pediré un favor luego te dejaré, ¡quítate la máscara, déjame ver tu verdadero rostro y después, ¡desaparece!

Temblando de miedo, el hombre se fue quitando la máscara.

Los ojos de la princesa estaban fijos del asombro, de pronto… con voz segura sin ocultar su enojo le dijo: ¿Porqué me has engañado?, ¿por qué llevas una máscara que reproduce exactamente tu verdadero rostro?....

El impostor, confuso, aturdido, negaba con la cabeza, pues de su boca no lograba salir ni una palabra. La princesa mandó acercarle un espejo. ¡Era cierto! Su propio rostro había cambiado. Un año entero de lucha y sufrimiento por ser como su máscara lo había transfigurado.

Su rostro se había identificado con su máscara, había llegado a convertirse en lo que intentaba ser.



EL FINAL DE NUESTRA HISTORIA SE PARECE A LA DE TODOS LOS CUENTOS: SE CAZARON Y EL HOMBRE TRANSFORMADO, FUE EL MEJOR ESPOSO Y EL MEJOR EMPERADOR DE LA CHINA, QUE LOS SIGLOS CONOCIERON…..

FIN



El Perro Fiel

Luego de 7 años de tener al perro, la pareja logró tener al hijo tan ansiado, la pareja estaba tan contenta con su nuevo hijo que disminuyeron las atenciones que tenían para con el perro.
 Éste se sintió relegado y comenzó a tener celos del bebé. Gruñía cuando sus dueños paseaban al bebé y no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante 7 años.
                                                                                                                                                               

Un día la pareja dejó al bebé plácidamente durmiendo en la cuna, mientras preparaban una carne en la terraza, cual no sería su sorpresa, cuando al dirigirse al cuarto del bebé, ven al perro con la boca ensangrentada moviendo la cola.

El dueño del perro pensó lo peor, sacó un arma que llevaba y en el acto mató al perro. Corrió al cuarto del bebé y encontró una gran serpiente degollada.
El dueño comenzó a llorar y exclamó: “He matado a mi perro fiel”.

Cuántas veces hemos juzgado injustamente a las personas. Lo que es peor, las juzgamos y las condenamos sin investigar a qué se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos.



Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario.

La Cicatriz

Un niñito invitó a su madre, para que asista a la primera conferencia de su escuela primaria entre padres y maestros. Sería la primera vez que sus compañeros de clase y su maestra conocerían a su madre, y le daba vergüenza su aspecto.

A pesar de que era una hermosa mujer, había una grave cicatriz que cubría casi todo el lado derecho de su rostro. El niño nunca quería hablar acerca de por qué o como se le había hecho.
En la conferencia, la gente quedó impresionada con la bondad y la belleza natural de su madre, a pesar de la cicatriz, pero el niño seguía avergonzado y se ocultó de todos. Sin embargo se mantuvo a una distancia que le permitía escuchar lo que decían su madre y su maestra en una conversación, y esto fue lo que oyó:

-¿Cómo se hizo esa cicatriz en la cara? Le preguntó la maestra.

La madre respondió:

-Cuando mi hijo era un bebé, estaba en una habitación que se incendió. Todos tenían mucho miedo de entrar, porque el fuego estaba fuera de control, de manera que entré yo. Cuando corría hacia su cuna, vi que caía una viga y me ubiqué sobre él para protegerlo. El golpe me dejó inconsciente, pero, por suerte, entró un bombero y nos salvó a los dos.

-Se tocó el costado quemado de su rostro.

-Está cicatriz será permanente, pero hasta el día de hoy, nunca lamenté haber hecho lo que hice.

En ese punto, el niño se precipitó corriendo hacia su madre con lágrimas en los ojos. La abrazó y tuvo una sensación abrumadora del sacrificio que su madre había hecho por él.

Un loco amor

Cuando yo la conocí tenía 16 años.

Fuimos presentados en una fiesta, por un “pibe" que se decía mi amigo.
Fue amor a primera vista. Ella me enloquecía.
Nuestro amor llegó a un punto, que ya no conseguía vivir sin ella.
Pero era un amor prohibido. Mis padres no la aceptaron
Fui reprendido en la escuela y pasamos a encontrarnos a escondidas.
Pero ahí no aguanté más, quedé loco.
Yo la quería, pero no la tenía. Yo no podía permitir que me apartaran de ella.

Yo la amaba: choqué el auto, rompí todo dentro de la casa y casi maté a mi hermana. Estaba loco, precisaba de ella.
Hoy tengo 39 años; estoy internado en un hospital, soy inútil y voy a morir abandonado por mis padres, amigos y por ella.

Su nombre?



¡¡¡¡ Cocaína !!!!

lunes, 1 de septiembre de 2014

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO


Hace mucho tiempo, un joven discípulo acudió a su maestro en busca de ayuda.
Su gran preocupación era que sentía que no valía para nada y que no hacía nada bien. Quería que los demás le valorasen más.
El maestro sin mirarlo, le replicó: “Me encantaría poder ayudarte pero en estos momentos estoy ocupado con mis propios quehaceres. Quizás si me ayudaras a solucionarlos podría acabarlos antes y ayudarte”.
El discípulo aceptó a regañadientes ya que de nuevo sintió que sus preocupaciones eran poco valoradas.
El maestro le entregó un anillo que llevaba en el dedo y le dijo: “Coge un caballo y cabalga hasta el mercado más cercano. Necesito que vendas este anillo para pagar una deuda. Y lo más importante es que trates de conseguir la mayor suma posible pero no aceptes menos de una moneda de oro por él”.
Y así el discípulo cabalgó hasta el mercado más cercano para vender el anillo.
Empezó a ofrecer el anillo a diferentes mercaderes que mostraban interés en él hasta que les decía el precio: una moneda de oro.
La mayor parte de los mercaderes se reían al escuchar la suma, salvo uno de ellos que amablemente le indicó que una moneda de oro era muy valiosa para darla a cambio del anillo.
Frustrado y cansado, el discípulo cabalgó de nuevo a casa del maestro sabiendo que no había podido cumplir con el encargo que le había hecho.
“Maestro, no he podido vender tu anillo por una moneda de oro”, le dijo cabizbajo. “Como mucho ofrecían un par de monedas de plata, pero no he podido convencer a nadie sobre el verdadero valor del anillo”.
“Tienes razón en algo”, le contestó el maestro. “Necesitamos conocer el verdadero valor del anillo”. “Coge de nuevo el caballo y ve a visitar al joyero del pueblo. Pregúntale por el verdadero valor del anillo. Y sobre todo no se lo vendas”.
Y así cabalgó de nuevo hasta el joyero del pueblo quien, tras examinar detenidamente el anillo, dictaminó que éste valía ¡58 monedas de oro!.
“¿¿58 monedas de oro??” replicó el joven asombrado.
Y con esa buena noticia cabalgó de nuevo a devolverle el anillo a su maestro.

El maestro, le pidió que se sentase y que escuchase lo que tenía que decirle:
“Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal sólo puede evaluarte un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu valor?”



CAJITA LLENA DE BESITOS


Hace ya un tiempo, un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado.
 El dinero era escaso en esos días por lo que explotó en furia, cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad. Sin embargo la niña le llevo el regalo a su padre la siguiente mañana y dijo: "Esto es para ti, Papito", El se sintió avergonzado de su reacción de furia, pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía. Le volvió a gritar diciendo: "¿¿¿Qué no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro???" La pequeñita volteo hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo, "Oh, Papito, no está vacía, Yo soplé besos adentro de la caja, Todos para ti, Papi." 
El Padre se sintió morir. Puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara. Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.



En una forma muy sensible, cada uno de nosotros hemos recibido un recipiente dorado, lleno de amor incondicional y besos de nuestros hijos, amigos, familia o de Dios. Nadie podría tener una propiedad o posesión más hermosa que ésta.

miércoles, 5 de marzo de 2014

LA ISLA DE LOS SENTIMIENTOS

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos:la Alegría, la Tristeza y muchos más, incluyendo el Amor.


Un día, se les fue avisando a los moradores, que la isla se iba a hundir.


Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el Amor se quedó, porque se quería quedar un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese.
Cuando por fin, estaba ya casi ahogado, el Amor comenzó a pedir ayuda.
En eso venía la Riqueza y el amor dijo: ¡Riqueza, llévame contigo!
No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti, dijo la riqueza.
El Amor le pidió ayuda a la Vanidad, que también venía pasando: ¡Vanidad, por favor ayúdame!
No te puedo ayudar, Amor, tú estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo.

Entonces, el Amor le pidió ayuda a la Tristeza: Tristeza, me dejas ir contigo?
Ay Amor, estoy tan triste que prefiero ir sola.

También pasó la Alegría, pero ella estaba tan alegre que ni oyó al Amor llamar.
Desesperado, el Amor comenzó a llorar, ahí fue cuando una voz le llamó: Ven, Amor, yo te llevo.

Era un viejito, y el Amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre.

Al llegar a tierra firme, le preguntó a la Sabiduría: Sabiduría, ¿quién es el viejito que me trajo aquí?
La Sabiduría respondió: Es el Tiempo.

¿El Tiempo? Pero, ¿por qué sólo el Tiempo me quiso traer?
La Sabiduría respondió: Porque sólo el Tiempo es capaz de ayudar y entender al Amor.